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León Krauze ha aprendido a ejercer su oficio mirando a los dos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. También ha aprendido a lidiar con la furia que hay en las redes sociales, que se desata ya sea por una opinión o, peor aún, por la exhibición de los hechos. En la segunda y última parte de la entrevista, el periodista mexicano habló de las elecciones que México vivirá en 2018, de Enrique Peña Nieto, de porqué el PRI no puede volver a ganar, de AMLO y también de incomodidades y sueños personales, como Cruz Azul y la selección mexicana en el Mundial. Y claro está, de periodismo.

León, no tengo nada que contarte del encono, la crispación y la furia que hay en Twitter. ¿Qué me dices de cómo lo vivimos en México?

El deterioro de los espacios de discusión pública es una amenaza para la salud democrática de cualquier país y México no es la excepción. Una frase que repito con frecuencia es: “Cada quién puede tener su propia opinión, pero no sus propios hechos”. Los hechos son lo que son. Dudar de la existencia de la verdad objetiva, de los hechos comprobables, la desinformación… no hace más que erosionar nuestro debate público y eso es muy peligroso. Si a eso sumamos la intolerancia frente a las opiniones distintas a la nuestra, se crea un diagrama de Venn con dos conjuntos que no encuentran intersección alguna. Dos islas que jamás se encuentran. En Twitter veo eso de manera absolutamente clara: la facilidad con la que pasamos a la descalificación, a la burlita, a la mofa barata, en lugar de debatir, discutir, pensar. Me alarma profundamente. El debate público se erosiona poco a poco y es como cuando la ladera de un monte va desgastándose hasta que se colapsa. Eso es lo que teme uno que termine por ocurrir.

¿Cómo resistes una ola de ataques tan constantes, violentos y viles? ¿Qué meditación realizas, qué tomas, qué consumes para mantenerte tan relax?
No te puedo decir lo que consumo, luego apagas la grabadora y platicamos (risas). Ya en serio, primero que nada hay que tener una vida más allá de la discusión pública y de este tipo de debates. En mis 43 años tengo derrotas personales muy importantes que me dan centro; cuando uno tiene derrotas y dolores auténticos, una escaramuza en Twitter, un par de insultos ahí, hacen los mandados. Y si contrasto mis derrotas auténticas con las victorias auténticas -mis hijos, mi esposa y demás-, lo otro tiende a desaparecer. También hay que asumir que es parte del juego actual, nos guste o no. El otro día le escuché una frase a Ricardo Anaya: “Al que no le guste el calor, que no se meta a la cocina”. Esta cocina actual es desordenada, caótica, agresiva, a veces violenta, casi siempre injusta, pero si uno se dedica a esto, no queda más que ponerse el mandil, lavarse las manos y entrarle. La otra opción es navegar en posiciones políticamente correctas, no agitar las aguas, no comprometerse, y ahí sí, francamente, yo soy hijo de quien soy hijo, y mi padre nunca ha rehuido la polémica desde que yo tengo memoria, y ahí tengo el mejor ejemplo. Prefiero eso a nadar de muertito en la labor periodística.

Hablando de polémica, ¿cómo ves el año electoral en México?
Hay dos tipos de elecciones, básicamente: de cambio o de continuidad. La de 2018 es una elección de cambio. El PRI necesita que sea de continuidad, pero eso es imposible, porque el PRI ha cavado su propia tumba con un sexenio profundamente lamentable en muchísimos sentidos, con los excesos, abusos, atropellos, del régimen priísta y del priísmo en general, en función de la corrupción. Por eso es una elección de cambio, a pesar de que el candidato del PRI insiste en vendernos una identidad imposible de justificar: que es priísta, pero no es priísta; aplaude a Enrique Peña Nieto y le da orgullo ser amigo de Manlio Fabio Beltrones, pero no es priísta… ese acto de malabarismo político, de ilusionismo, es imposible; se requeriría un talento político que José Antonio Meade no posee para vender semejante truco de magia. Entonces creo que la elección de 2018 debería ser, idealmente incluso, entre las dos opciones que dicen ser de cambio: Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya. El régimen necesita cambiar, porque ha firmado su propia sentencia de muerte.

¿Por qué si criticas tan claramente al PRI, hay quien te acusa de defender al sistema?
Tiene que ver con el dogmatismo aberrante que genera Andrés Manuel López Obrador en una parte de sus seguidores; él es una figura mesiánica y esas figuras inspiran -y en muchos casos requieren- filiación absoluta y apoyo sin matices. Casi diría que la palabra correcta es devoción. Cualquier mínima crítica que uno plantee hacia la figura que el devoto adora, para él implica una traición. Su percepción ignora carrera, historia, carácter y lo que digas de la persona que ha criticado. En mi caso -y en el de muchos otros- no importa que yo haya entrevistado directamente a Enrique Peña Nieto preguntándole sobre la corrupción; tampoco importa que la respuesta que me dio, de la famosa “corrupción cultural” en México, sea usada por el propio AMLO en distintos mítines, de manera elogiosa, a veces hasta citándome; no importan mis artículos en El Universal, ni los reportajes que he publicado en el New Yorker, mis columnas de opinión en el Washington Post o en el Daily Beast… Yo podría pararme en el Zócalo de la Ciudad de México y decir que el candidato del PRI merece perder, pero si al otro día digo: “Por cierto, me parece que AMLO hizo mal en esto”, inmediatamente sería yo un chayotero. Eso tiene que ver con la disposición mesiánica del candidato y con la devoción ciega que inspira en una parte de sus acólitos.

Entrevistaste a Enrique Peña Nieto en grupo y solo. ¿Qué impresión te dio?
Lo realmente interesante de los políticos no es la impresión personal; además, apenas y conocí al presidente de México. Como periodista… ¡en el fondo es una pregunta difícil! (risas). Bueno, déjame retomar lo de la impresión… me pareció un hombre convencido de sus ideas y me pareció que muchas de sus ideas están equivocadas, sobre todo la más importante de todas en este momento, que es la naturaleza de la corrupción en México, su origen y la manera para solucionarla.

LEÓN KRAUZE: "PUEDES TENER TU OPINIÓN, PERO NO TUS PROPIOS HECHOS"(SEGUNDA PARTE)
Por: Eduardo Venegas

PASAPORTE

Nombre: León Rodrigo Krauze Turrent

Fecha y lugar de nacimiento:

4 de enero de 1975, Ciudad de México

Ocupación: Periodista, escritor y conductor.

"Los periodistas estamos obligados a ser justos, exhaustivos y a decir la verdad, incomódele a quien le incomode"

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Fotografía: León Krauze

¿Está convencido de que la corrupción es cultural, que es culpa de todos nosotros?
Por supuesto que lo piensa y lo ha dicho muchas veces, a pesar de que le ha costado críticas al por mayor. Yo creo que se equivoca y sostengo el ejemplo que le puse, frente a frente: aquí en Estados Unidos vive el 20 por ciento de México. Y los mexicanos acá pagan impuestos, no tiran basura, no se pasan los altos… Seguimos siendo mexicanos, ¿eh? Somos particularmente poco corruptos, menos irrespetuosos de la ley. ¿Qué cambia? El estado de derecho, que es el gran déficit del México que construyó el PRI, y también se lo dije al presidente. Yo diría que no me sorprende que un presidente priísta piense así, porque la corrupción es la cultura de su partido. Pero me duele y me parece una aberrante equivocación.

México tiene muchos problemas, ¿será la corrupción el peor de nuestros males?
Uff… Sí y te digo porqué lo creo. El otro día conocí en persona y charlé largamente con Nestora Salgado, la mujer que encabezaba la policía comunitaria de Olinalá, Guerrero, quien fue a dar a la cárcel. Una figura polémica que a mí siempre me ha resultado admirable. Cuando escuchas su historia -que llegó a las paginas del New Yorker, en un reportaje extraordinario- te das cuenta de que, a escala municipal, México está podrido. Y está podrido por la corrupción y por la falta de estado de derecho, que es el hermano mayor de la corrupción. Toda su historia, la manera como -de acuerdo con ella- un presidente municipal cayó en las garras del narcotráfico y hundió al pueblo entero en la violencia y ellos tuvieron que defenderse por sí solos, porque la policía municipal no respondía, ni el ministerio público a sus denuncias… todo eso demuestra que es en los municipios donde México está colapsado.

¿Cómo es vivir asomado a los dos lados de la frontera para ejercer tu oficio?
Es muy demandante, pero es un privilegio. Una de las cosas que más me han indignado de lo que he leído en los últimos días, por injusto, es este asunto estúpido que cuestiona el derecho de los mexicanos en el extranjero de opinar sobre lo que pasa en su patria y la validez de nuestra opinión. Insisto: acá vive 20 por ciento de México. En este momento estoy parado en la segunda ciudad con más mexicanos del planeta Tierra; esos son los hechos, es la realidad, no estoy inventando nada. La vida de los mexicanos aquí tiene una lista de complicaciones, dolores y angustias profundamente respetables y que no restan sino, al contrario, suman a su mexicanidad. Ignorar que el origen de la diáspora mexicana son el dolor y los problemas del México profundo, es ignorarlo todo. Cuando ignoramos la vida de nuestros paisanos acá, cuando queremos hacerlos menos, cuando cuestionamos su derecho a votar, a opinar, a ser mexicanos, estamos siendo profundamente injustos. Yo me asumo como un periodista bicultural, binacional y trato de explicar acá mi país; y en mi país trato de explicar este que es ahora mi país adoptivo, el país de nacimiento de dos de mis hijos. Es una labor complicada pero que me honra, francamente.

A propósito, ¿cómo surgió la idea de tu reportaje La serpiente de obsidiana?
Fue la primera nota que cubrí en Los Ángeles: los brutales asesinatos de cuatro indigentes en el condado de Orange, por apuñalamiento; cuando finalmente la policía detuvo al responsable y se conocieron su identidad y algunos detalles sobre su vida, dije: “Esta es una historia impresionante”. Me dediqué buena parte de los últimos tres años a investigarla y resultó esta pieza que, creo yo, tiene tema desde distintos ángulos: la migración, la asimilación, la vida militar en Estados Unidos, la naturaleza de la amistad, el estrés post-traumático… Es una historia que supera a la ficción y de un tamaño enorme, porque yo abría una puerta y había otras tres. Pero el resultado final me dejó muy satisfecho; creo que es un buen ejemplo de lo que se puede hacer con periodismo de investigación. Pronto estará en español y eso me da muchísima emoción.

En temas escalofriantes, ¿por qué Cruz Azul no puede ser campeón de liga, León?
La respuesta requiere tocar muchos factores. Por momentos, ha jugado un papel la suerte; en otros, es mental. Cualquier organización es un ser colectivo, con dolores y traumas. Cruz Azul como organización ha atravesado años de presión que llegaron a su clímax tóxico en la final de 2013, algo de película de terror para nosotros los Cruzazulinos. Hay un asunto mental que con el tiempo se debe resolver con la llegada de gente con ideas nuevas. Me parece que la apuesta por Jémez fue buena, igual que la de Caixinha, para intentar cambiar ciertos esquemas mentales en esa colectividad que es Cruz Azul. Por otro lado, la cabeza de esa organización ha dado resultados paupérrimos y debería considerar que a lo mejor el primer paso para sacudir al equipo en lo mental sería ceder el control del mismo; pero no creo que pase y me parece una mala decisión, porque creo que podría funcionar como un gran revulsivo en Cruz Azul… Lo único que sé es que una vez que se gane un campeonato, eso liberará gran parte de la presión y creo que tendremos por delante -como ocurrió con los Red Sox de Boston y los Cachorros de Chicago- años muy positivos.

Hablando de futbol, ¿qué auguras para la selección mexicana en Rusia 2018?
Me entristece mucho que a México le haya tocado un cruce tan duro para la fase de grupos. Eso no quiere decir que no haya una inmensa oportunidad de demostrar en dónde estamos parados. México ha avanzado de ronda en todos los Mundiales en los que ha participado desde 1986. El primer partido será una prueba extraordinaria incluso desde lo anecdótico -y es algo que quiero escribir en su momento-, porque serán 40 años casi a la fecha de que México enfrentó, en exactamente las mismas circunstancias, a Alemania, como campeón del mundo; en aquella ocasión sufrimos una derrota dolorosísima, brutal. 40 años después, es hora de demostrar que hemos crecido. Soy un férreo defensor de esta generación; no tanto del técnico, la verdad.

¿Qué piensas de Juan Carlos Osorio?
Es un estudioso del futbol, sin duda alguna, un tipo que conoce de futbol muchísimo. Pero en alta competencia ha sido una catástrofe. La derrota contra Chile es histórica. A mí no me interesa la Concacaf, ahí deberíamos dar por sentado que México compite a un altísimo nivel; me importa el crecimiento del equipo en alta competencia y ahí, por los resultados y por la manera en que se han obtenido, hemos dado un paso atrás. El futbol de selección es un deporte de resultados -como la vida, en general-, no de: “Bueno, vamos a considerar que en realidad hemos mejorado…”, ¡no, no, no! Los resultados. Encima, me parece que hace mucho tiempo no sentíamos los mexicanos: “Carajo, nos van a golear”. Y en aquel partido de la Confederaciones 2017 contra Alemania pudo haber ocurrido una catástrofe similar a la de Chile, y creo que no ocurrió por razones externas a él y su manejo de partido. Ha sumado a la selección una fragilidad que yo no veía hace muchos años, que me parece inadmisible. Pero tengo fe y confianza en estos futbolistas. Estoy convencido de que México superará el grupo y vamos a jugar en los octavos de final contra Brasil -equipo que se nos da bastante bien, por lo demás-. Alemania me parece que es casi el seguro campeón del mundo, pero Suecia no es más de lo que era Noruega en 1994 y Corea del Sur no es hoy más que otros rivales durísimos que hemos tenido, como Croacia en 2014 o la misma Corea en el 98.

¿Por qué después de tantas desilusiones le seguimos creyendo a la selección?
Porque amamos el futbol y porque nos representan. Y porque no es lo mismo la decepción que han sufrido los peruanos -con todo respeto para ellos-, de no haber ido a una Copa del Mundo en décadas, a lo que hemos vivido nosotros. México ha calificado de manera sucesiva desde el 94 -al 90 hubiéramos calificado de no ser por los estúpidos directivos que teníamos y los cachirules- y ha pasado de ronda todos esos Mundiales, algo que no pueden decir otros equipos, incluida Italia. Entonces hay que saber medir nuestro parámetro de decepción; ha sido muy doloroso porque hemos estado muy cerca de momentos de enorme alegría y se nos ha escapado de manera muy triste. Pero eso no quiere decir que somos una catástrofe o mediocres; creo que ha faltado un pasito desde hace décadas que ya nos merecemos y yo pensé que este Mundial podía ser. Pasa que cuando uno va a enfrentarse en primera ronda al campeón del mundo -y creo que futuro campeón- y, muy probablemente, en segunda ronda con el segundo equipo más importante del planeta, contendiente al título… carajo, es el peor cruce que hemos tenido desde que tengo memoria. Es una pena.

Vamos del equipo verde a la verde. Enrique de la Madrid sugirió la legalización en México de la marihuana con fines recreativos. ¿Qué opinas del tema?
Estoy completamente a favor de la legalización de la marihuana para usos recreativos. Absolutamente. Los experimentos llevados a cabo en Estados Unidos -en Oregon, en Colorado y ahora en California- demuestran de manera totalmente clara que la legalización de la marihuana es el camino a seguir. No tengo ninguna duda. Mucho más después de vivir en California estos años y de ver como se ha llevado a cabo el proceso de la marihuana medicinal y a qué grado es absurdo que, mientras en California se hace eso, en México se siguen contando los muertos. Es indignante. Estoy por completo a favor de la legalización de la marihuana y me encantaría ver a un candidato presidencial suficientemente valiente como para abogar por ello también.

Última. Con influencers, youtubers, tuitstars y demás en el panorama actual, ¿cuál es la obligación de los periodistas y quienes quieren serlo?
Esa: hacer periodismo. Es una profesión de definición muy simple el periodismo: quienes nos dedicamos a esto estamos obligados a ser justos, exhaustivos en nuestro proceso de investigación y a decir la verdad incomódele a quien le incomode. Habrá otro par de reglas no escritas que se me escapan, pero básicamente eso es lo que es ser periodista y eso tenemos que hacer, aunque los fanáticos nos peguen en Twitter, aunque nos acusen de esto o aquello. Nuestra obligación es ejercer nuestro oficio en esos términos. Si lo hacemos así, habremos contribuido a construir un mejor país. Alguna vez le oí a un colega decir “yo no trabajo para construir la democracia” y me parece una respuesta repugnante; por supuesto que los periodistas formamos parte de la discusión pública y tenemos un papel que cumplir profundamente importante. Hay que asumirlo como tal.

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