Bushmills sublima su destreza en la creación de whiskey en un single malt de 30 años. Esta edición limitada llegó a nuestro país y representa un homenaje de la casa irlandesa a su propia historia, al tiempo y, sobre todo, a su maestría destilera.
Con una historia productora que arrancó en 1608, Bushmills se enorgullece de ser la destilería con licencia más antigua del mundo para hacer whiskey. No son datos anecdóticos, sino pilares sobre los que sostiene su sitio en la industria. Más de 400 años le han servido a la compañía para dominar su labor al punto de crear líquidos excepcionales, una destreza que vuelve a quedar de manifiesto con su lanzamiento más reciente en nuestro país.
Bushmills presentó en México su single malt 30 años, uno de sus whiskeys más añejos y con un perfil más complejo, que hará brillar los ojos y salivar los paladares de los amantes de este destilado. Esta botella se integró inicialmente al portafolio de la marca hace un par de años, como parte de las celebraciones por la inauguración de su nueva casa, la destilería Causeway. En aquella ocasión, durante el recorrido por las nuevas instalaciones alguien de la compañía bromeó diciendo que si bien no está documentada la razón de la diferencia entre el nombre del whiskey irlandés y el whisky escocés, ésta radica “en la e de excelencia”.

Desde entonces Bushmills presumió el prolongado y complejo proceso que dio origen a esta edición: barricas de bourbon y oloroso sherry cuidan su maduración durante los primeros 14 años, para luego pasar otros 16 en barricas de primer llenado de Pedro Ximénez —un vino español dulce de jerez hecho con uvas blancas, que se hace sólo en determinadas regiones, por lo que sus barricas son altamente apreciadas y codiciadas.
Un añejamiento así dota a este 30 años de características seductoras que se aprecian desde que lo ves, gracias a un tono dorado profundo y obscuro con destellos ámbar que, por supuesto, no son obra de la casualidad; Alex Thomas, la master blender de la compañía, asegura: “El roble otorga sabor y color a nuestro single malt, mientras que las barricas de Pedro Ximénez le añaden una tonalidad dorada más intensa y una profundidad inigualable”.
En nariz dominan las notas dulces e intensas de dátiles, higos, pasas y toffee, acompañadas por rastros sutiles de clavo y especias dulces. Al probarlo se disfruta una suave textura con sabores delicados a chocolate con almendras, frutos secos e higo, que reaparece ahora acompañado de cáscara de naranja, para evolucionar luego a tenues notas de vainilla y masa horneada. Todo deja paso a un final prolongado, complejo como se esperaría y persistente, con frutos secos y caramelo resonando para volver un segundo sorbo el paso natural.

Si bien su perfil bastaría por sí solo para convertir a éste en un whiskey fuera de serie, otro punto que lo vuelve aún más deseable es que se trata de una edición limitada a 1,500 botellas, por lo que los coleccionistas tendrán en alta estima a Bushmills 30 Year Old.
Equilibrado entre elegancia, dulzura y complejidad, este single malt es testimonio de la maestría de Bushmills en los terrenos del whiskey, además de un premio a la paciencia en la fabricación de este destilado.





