ENRIQUE BALLESTER: "HOY TODO ES TAN FUGAZ QUE NADA DEJA POSO" (PRIMERA PARTE)
Por: Eduardo Venegas
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Fotografía: cortesía Enrique Ballester

La definición que más me gusta de crack es la del tipo que hace parecer fácil lo que en realidad es tan difícil que está al alcance de pocos (muy pocos). Si se trata de escribir, Enrique Ballester es de ésos. Se nota al leerlo y se confirma cuando cuenta cómo lo hace. Suena tan fácil que casi te convences de que tú también podrías hacerlo. Con la naturalidad de quien dice que el café viene bien por la mañana, como si cualquier cosa, explica sus procesos para escribir unas columnas que hace años lo dieron a conocer en sitios muy remotos de Castelló, la ciudad donde vive. Con el futbol* como elemento central y casi siempre como pretexto para hablar de otros asuntos, esos textos se han convertido, a la fecha, en dos libros: Barraca y Tangana y Otro libro de fútbol, que se unieron a su debut como escritor, Infrafútbol, los tres editados por Libros del K.O. Enrique atiende esta entrevista cuando para él son las 11 de la noche. Para estas horas sus hijos probablemente están acostados, él ha recorrido una jornada que todavía no termina, sea por aspectos propios del trabajo de un periodista, por ocupaciones caseras y hasta por atender una solicitud desde el otro lado del Atlántico para platicar sobre sus libros, periodismo, el vértigo y la fugacidad actuales, la universalidad del futbol y algunas peculiaridades de este mundillo.

*Sin ánimo de polemizar y sí con afán conciliatorio: fútbol cuando lo dice Enrique, futbol en las preguntas.

Dedicándote al periodismo deportivo, tus horarios son peculiares.

Si algo bueno tiene la profesión es que no hay que madrugar mucho, porque tendemos hacia la noche. Además, me gusta mucho la NBA y aquí se ve hacia la madrugada; viví en horario americano unos 15 años, hasta que hace un par empecé a dedicarme un poco más al periodismo político y económico; empecé a trabajar más temprano y estuve viviendo con jet-lag unos meses…

 

¿Cómo choca eso en casa?

Se complica conciliar el trabajo con la familia. Con la pandemia, los niños están más en casa y aparte de mi trabajo diario tengo otras colaboraciones… pero cuando te dedicas a lo que te gusta, incluso cuesta distinguir la línea que separa el trabajo y la afición; es trabajo porque uno es profesional y obtiene un rédito por ello, pero es una profesión muy vocacional. Si no te gusta es difícil de aguantar, no es un horario de oficina que uno sabe cuando entra y cuando acaba; en el periodismo uno siempre está disponible. Cuando ves un partido, aunque no estés escribiendo de ello, estás mentalmente haciendo la crónica, pensando en el primer párrafo. Es casi como una patología que volvemos nuestra profesión y eso nos salva, porque así está socialmente aceptado.

 

Aprendes a cobrar por una suerte de vicio.

Claro. Cuando mi hija empezaba a cobrar sentido de la vida y le explicaba que me dedicaba a ir al campo de fútbol, a escribir de qué iba un partido, o a ir a un concierto y contarlo, mi hija no terminaba de entender: “Eso no es un trabajo, es algo que haces porque te gusta”. Una noche estábamos viendo un Betis-Alavés y ella dijo: “¿Pero esta gente mañana trabaja?”, y yo: “Es que su trabajo es jugar a fútbol”. No le cabía en la cabeza que un juego fuera un trabajo también.

 

¿Qué edad tienen tus hijos?

Mi hija, nueve años, y el pequeño, cuatro. Ella a veces me dice: “Papá, pero ¿tú sabes que el fútbol es una tontería? ¿Tú sabes que no importa mucho?” y yo: “Hombre, a veces importa un poco”. A mi hijo le gusta un poco más, pero se está haciendo del Getafe. Yo vivo en Castelló y el Getafe aquí en España tiene la etiqueta de un equipo muy incómodo… muy cabrón… pero claro, él no lo entiende; sólo ve que el equipo va de azul y le gusta ese color; le hace gracia el pelo de Cucurella, que encima se llama Marc, como su amigo del cole, y se me está haciendo del Getafe… yo qué sé… preferiría que se hiciera delincuente antes. Lo gracioso es que esto lo conté en un artículo, lo leyó el futbolista y fue muy amable y le mandó un vídeo a mi hijo, una camiseta, y ya no tengo escapatoria.

 

A veces los equipos se eligen de maneras misteriosas…

Eso lo escribió Nick Hornby: a veces uno se hace de un equipo como se enamora de una persona, de una manera un poco casual, sin una razón entendible y sin comprender el dolor que ese enamoramiento te puede causar por el resto de los años. A lo mejor dentro de 20 años el Getafe está en tercera división, pero como mi hijo se hizo del equipo por esa chispa fortuita, para toda la vida, a lo mejor arrastra esa condena; o a lo mejor le hace muy feliz el Getafe dentro de 30 años… pero probablemente no.

 

¿Qué tan distinto es seguir a un equipo regional de un “grande”?

Uno se acerca a un equipo de fútbol por dos vías que pueden ser complementarias, pero suelen ser distintas: el sentimiento de pertenencia, porque es el de tu ciudad o tu región, o por una perspectiva de éxito. Hay quien desprecia una u otra, pero para mí las dos son lícitas. En España el fútbol llena un vacío que tenía mucha gente de mi generación o más jóvenes; ser del equipo de tu ciudad te completa como ciudadano: “Mi equipo no es el mejor, pero es el mío” —algo que ya decían los filósofos clásicos: “Lo que más me gusta de mi ciudad es que es la mía”—. Hasta hace unos años la gente en España se dividía entre Madrid y Barcelona, para muchos eran un segundo equipo; ahora es más natural ser del de tu ciudad y punto. Había una dicotomía tan grande de Madrid y Barcelona, que la gente se ha cansado.

 

Hasta fuera de España mucha gente apoyaba a alguno de ellos de forma muy pasional.

Y además de la dicotomía clásica Adidas-Nike que siempre está en todos lados [ríe], coincidió con un momento en que las dos grandes figuras del fútbol mundial, Leo Messi y Cristiano Ronaldo, estaban ahí. Y hubo cinco años en que si no ganaba la Champions uno, la ganaba el otro; era el relato perfecto para vender ese gran negocio, con las dos figuras más importantes de su tiempo, en dos equipos muy grandes, con toda la connotación para crear una gran historia. Ahora parece que pasamos a otro ciclo, porque tanto Cristiano como Leo Messi quedaron eliminados en octavos de final de la Champions, hay una nueva generación que lideran Haaland, Mbappé…

PASAPORTE

Nombre: Enrique Ballester

Fecha y lugar de nacimiento:

1983, Castelló, España

Ocupación: Periodista y escritor.

¿Hacia dónde irá el futbol en esta nueva etapa?

En las nuevas generaciones pasa que algunos son más del futbolista que del equipo. El fútbol es una cosa tan universal, que la principal fuente de ingresos para los clubes no son la taquilla, ni los socios, sino los derechos televisivos internacionales. Un aficionado de Hong-Kong que es muy de Mbappé, seguirá siéndolo en el próximo equipo al que vaya y se irá del PSG un cliente que captará su nuevo club. Hoy el reto de un equipo es conservar a nivel local la tradición, pero luego ser competitivo a nivel global y ganar al cliente potencial. En el equilibrio entre aficionados y clientes está la pelea de la próxima década del fútbol.

 

¿Qué te parece a ti, que creo eres un romántico?

Lo comprendo, pero de lo que estoy muy en contra es de la idea de una Superliga europea en detrimento de los campeonatos nacionales. Daría una estocada a los principios fundacionales del fútbol, porque si eres de un equipo pequeño, esperar que vaya subiendo, que un día juegue en la máxima categoría, que se clasifique para Europa y pueda ser campeón, sabes que es muy difícil… pero es posible. Y por esa rendija de la posibilidad se cuelan los sueños, las ilusiones de miles de millones de hinchas de todo el mundo; hay un principio democrático ahí: si tú eres bueno deportivamente (con todas las trampas que tiene ese relato, pero que todavía existe) en tu región, ganas la copa de tu continente, puedes ser campeón del mundo. Y una competición como la Superliga abriría la puerta a un nuevo paradigma, totalmente distinto al que hemos conocido desde el principio del fútbol. Y a mí eso sí que me dolería. El deporte del que nos enamoramos de niños sigue funcionando (porque yo lo veo con mi hijo), sigue siendo el mismo en esencia, con alguna variante. Cuanto menos se toque, mejor. El VAR, por ejemplo. Como teoría, es maravilloso: [con tono sobrio e irónico] una revisión neutral que elimina la injusticia en el fútbol, pero luego (como con otras doctrinas políticas, que teóricamente son perfectas) estamos los seres humanos que tenemos que aplicarlas. Yo estoy a favor de usarlo como herramienta en fallos flagrantes o de si es gol o no es gol, pero siempre que sea un deporte de continuidad. Y hay otra cosa…

 

¿Cuál?

El factor de la gente joven a la que, según informes, le cuesta mantener la atención en un deporte durante tanto tiempo; el baloncesto intenta meter menos tiempos muertos, el golf busca ser más rápido, el tenis quiere meter menos sets… y el fútbol también va a tener que competir por esa gente, que necesita más estímulos continuos. Y creo que el VAR va en contra de eso.

 

En Barraca y Tangana escribías que había quien prefería ver los goles en Vine, en vez de siquiera el resumen del juego. ¿Qué piensas de la tendencia a simplificar todo?

Me resulta curioso que esto pasa sólo en el fútbol, porque creo que ningún aficionado al cine hace una crítica de una película si no la ha visto. Aquí opinaban del juego con ver un Vine, que eran seis segundos de magia viral (escribí en el libro que sospechaba que Messi era tan bueno que hacía jugadas de seis segundos para que cupieran en ese formato), pero ya eso es demasiado tiempo para la gente: a veces con una captura y un tuit te dicen si es penalti o no y tienen para opinar una semana.

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¿Qué lectura le das a esa falta de profundidad en el análisis?

Por una parte, es de las cosas por las que el fútbol es tan popular, está en todas las conversaciones sin necesidad de que la gente vea los partidos ni analice ni nada; pero por otra dices: “Hombre, yo qué sé… antes de opinar de algo en concreto…”. Echo de menos un poquito de rigor, a veces se centra todo en la polémica. Pero también hay que decir el fútbol con el que crecimos tenía mucho de pensamiento mágico, porque no se televisaban todos los partidos, se escuchaban por la radio, la gente los comentaba, se creaba una escena mística de lo que pasaba; quizá los partidos más bonitos que hemos visto en nuestra vida no los hemos visto, los escuchamos de niños por la radio. Se opinaba en un bar, en una tertulia de amigos y los demás no lo veíamos; ahora con las redes sociales nos impacta más que la gente opine sin ver. Yo por lo menos pediría a la gente profesional, al periodismo, que viera los partidos antes de opinar. Parece una obviedad [ríe abiertamente], pero si la gente fuera consciente de los estados de opinión que se crean sin siquiera ver los partidos, se tiraría de los pelos.

En general, vivimos tiempos cada vez más vertiginosos…

Todo dura poquísimo. Si salimos a partido histórico cada semana, pierde valor el término, porque cuando pasa uno de verdad no tenemos la capacidad de vislumbrarlo. Unos amigos que organizan conciertos y se dedican al mundo de la música, decían: “Es que ahora no hay bandas que generen un sentimiento de pertenencia en los fans, que cuajen”; es por lo mismo: ya nadie compra un disco y está seis meses escuchándolo. Es tan fugaz que encuentran una canción en Spotify o en Youtube, y a la semana siguiente hay otra; no hay tiempo en nada para que se cree un poso que influya a las personas. Eso sí no sólo pasa en el fútbol, sino en un montón de cosas.

Con las posibilidades tecnológicas, puedes escuchar 20 o más canciones en un día.

Tenemos un acceso infinito al conocimiento y eso, paradójicamente, nos hace más ignorantes. Yo a veces escucho un álbum y pienso: “Si esto lo escuchara cuando estaba en el instituto tendría la carpeta forrada con el disco, escribiría las letras en la libreta, pero ya no voy y la semana que viene escucharé otro y, con suerte, me dejaré una canción en la playlist habitual”; no hay tiempo para que arraigue nada. Tiene su parte buena, porque uno quizá es menos dependiente de las cosas, pero la mala es la fugacidad: construimos ídolos de quita y pon, un poco postizos, y uno no sabe qué es realmente al final, porque esas cosas (un equipo, un futbolista, un disco, un libro, un autor), configuran tu personalidad. Y ahora es todo y nada a la vez.

"Yo por lo menos pediría al periodismo que viera los partidos antes de opinar".

¿A dónde conducirá esa caducidad más inmediata?

Creo que la respuesta será volver a la raíz, al folklore: al equipo de tu pueblo, al músico que vive enfrente tuyo, al autor que habla de lo que te pasa a ti, de tu entorno… ya está empezando a pasar. Es natural como respuesta a los años de globalización y también puede ser peligroso, porque esos sentimientos antropológicos de “lo mío es lo bueno y lo otro es lo malo”, eso [chasquea la lengua] me produce cierta inquietud.

 

Hablando de lo regional, ¿cómo te hiciste del Castellón?

Mis padres son de Teruel, Aragón, y vinieron aquí a vivir, donde yo nací; eso me producía un dilema, porque para los de aquí yo era de allá, y para los de allá yo era de aquí. Y así como algunos son del equipo de fútbol porque son de la ciudad, yo decía: “Sé que soy de esta ciudad porque soy de este equipo; que mi estado de ánimo dependa de que ese equipo gane o pierda, quiere decir que yo soy de este lugar”. Eso empezó porque mi padre me comenzó a llevar al fútbol de muy pequeño, con cinco o seis años; después empecé a ir con mis amigos y entonces empecé a escribir cuando salía del campo lo que a mí me parecía o no me parecía; ésa fue mi puerta de entrada al periodismo deportivo.

¿Cómo entraste?

Yo escribía en una página web de aficionados de lo que le pasaba al equipo, e inexplicablemente cada vez se leía más, hasta que me contactó el director de un periódico de mi ciudad y empecé a escribir ahí. Hace 15 años y hasta hoy. Mi intención inicial era escribir de lo que me pasaba a mí, respecto a mi equipo, y conforme me han pedido que escriba más a nivel nacional, me he dado cuenta de lo universal que es el fútbol, que con lo que yo vivía en mi ciudad pequeñita, con mi equipo pequeñito, se identificaban otras personas no sólo de España; ahora hablo contigo en México y me ha pasado con lectores de ahí, de Argentina, de Uruguay. Lo decían los clásicos de la literatura rusa: explica tu aldea y explicarás el mundo. A mí me gusta mucho eso: partir de mi experiencia personal para tocar temas universales; el fútbol es una buena herramienta para eso, para hablar del tránsito de hacerse adulto, de los sueños, de las frustraciones, de la amistad, del amor… de todo eso se puede hablar muy fácilmente a través del fútbol, porque mucha gente ha vivido cosas similares a lo que tú has vivido, en otros sitios o en otra generación, pero son sentimientos humanos que se repiten constantemente.

 

En realidad estamos igual en todos lados.

[Sonríe] Alguna vez he escrito que todas las aficiones pensamos que somos muy especiales, pero somos muy parecidas. El fútbol apela a algo muy emocional, es algo que no podemos controlar, irracional; pese a que en cualquier otro aspecto de la vida seas una persona racional, que dice: “Yo me rijo objetivamente en la economía, en el trabajo, en las relaciones personales”, el fútbol llega un momento que te desborda.

 

Forma una especie de mundo aparte.

Es un mundo en el que se nos permite constantemente regresar a la infancia: en la grada te puedes comportar como un niño de ocho años, levantarte, gritar, llorar, reír y nadie te va a mirar raro, porque ahí es lo normal; es como una burbuja de libertad salvaje. En ese sentido creo que conecta con algo antropológico. Hay futbolistas agresivos y de ellos se dice: “pero fuera del campo es una bellísima persona, muy educado”, y yo creo que es al revés; también nosotros como hinchas: aceptamos unas normas para que la sociedad funcione, que haya semáforos con luz roja o verde, que haya panaderías, pagamos impuestos, y en el fútbol mostramos nuestra verdadera cara animal, salvaje. Siempre que no peguemos a nadie, canalizar esa parte salvaje del ser humano a través del fútbol me parece un mal menor, tal y como están la sociedad y el mundo.

 

Hay quien dice que el futbol es la guerra por los medios más nobles…

Dijo Paul Auster que “El fútbol es la manera que encontró Europa de odiarse sin destruirse”. En España tuvimos unos años de Clásicos muy tensos, agresivos, entre Madrid y Barcelona, con Mourinho y Guardiola, y eran tiempos de políticos anodinos y aburridos; y ahora tenemos políticos tensos y agresivos, y Clásicos anodinos y un poco aburridos. Realmente era un poco mejor lo anterior.

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